Mi hija vendió mi casa mientras yo estaba en Londres y me esperó en la puerta principal para decirme: Ya no tienes hogar, mamá.
Mi hija vendió mi casa mientras yo estaba en Londres y me esperó en la puerta principal para decirme: Ya no tienes hogar, mamá. Su esposo se rio como si acabara de enterrarme viva. Mis llaves ya no abrían la casa donde di a luz, enviudé y envejecí. Pero yo sonreí, porque Daniela no sabía…
